Desde hace algunos días, los noticieros y estaciones de radio que se dedican a difundir información a la población, han dado a conocer que en el mundo han ocurrido una serie de temblores fuertes.

Una de las zonas más afectadas fue la de Sudamérica, concretamente dentro del territorio de Chile. Es por esa razón, que hoy viene a mi mente un viejo relato que me contó una vez un queridísimo profesor de historia, mientras estudiaba la primaria.

El mito comienza cuando el hombre dejó de ser nómada, para convertirse en sedentario y así empezar a llevar a cabo labores de agricultura y ganadería. Era una época pacífica, ya que los humanos que vivían en aquel entonces, se organizaban en grandes grupos para poder cazar a animales gigantescos, como por ejemplo los mamuts.

Por otra parte, se comenta que existía una víbora distinta a las demás que se paseaba tranquilamente por los campos y manantiales. Se trataba de una larga serpiente que tenía su piel los colores del arco iris. Lo que más llamaba la atención de los que la llegaron a observar es que su cola desprendía un líquido cristalino, el cual iba dejando su paso mientras se arrastraba por el suelo.

Aquella agua, se metía por entre las grietas de la tierra favoreciendo el crecimiento de frutos y plantas. En caso de que alguna vez hayas leído o escuchado mitos sobre la creación del mundo, sabrás que las serpientes tienen un papel preponderante en esos relatos.

Sin embargo, la culebra observó años después que los hombres dedicaban más tiempo en luchas sin sentido (como las conquistas de distintos territorios) que tomó la decisión de esconderse en el centro del mundo, para así alejarse de tantos problemas.

Los terremotos suceden cuando la cola de la serpiente se atora en alguna capa interna y esta tiene que moverse estrepitosamente para poder liberarse. Desde aquí deseamos que pronto los conflictos bélicos cesen, pues debo confesar que me gustaría ver personalmente a esa extraordinaria víbora.

Daniel