Todas las personas en el pequeño pueblo de Tlaxcala, sabían de la nobleza del Melquiades, un indígena que se ganaba la vida, de lo que sacaba en su parcela, pero como la vida de todas las personas es como una leyenda corta de terror, de nuestro protagonista, no podría ser la excepción.

Melquiades, en una de las visitas que hacía a la capital del estado, conoció a una mujer, guapa de la vida galante, a la cual, el invito para que sentara cabeza, en su rancho, le prometió que vivirían de lo que su parcela les diera, que era suficiente para vivir bien, a lo que la mujer, deseosa de cambiar de aires accedió.

Leyenda corta La mujer de Melquiades

Llevo a María, una mujer de escultural cuerpo, de una piel de color cobre, que sobresalía, de entre todas las mujeres de la región, todo el pueblo la veía con recelo, mucho más las mujeres, al ver el escultural cuerpo, pero al paso del tiempo todo se calmó, o eso pensaba la gente, porque ahora que Melquiades se iba a vender sus productos cada semana, la mujer de cascos ligeros, no quería perder la práctica del oficio más antiguo del mundo, pero ahora lo hacía por gusto.

Las miradas hacia Melquiades, eran muchas, el en el primer minuto intuyo, que algo pasaba en su ausencia, y un día que salió a vender, se regresó, ahí cerca de su casa, vio una gran fila, de personas que al retirarse el, llegaban al lugar, al acercarse a la ventana del lugar, vio a la que era su mujer, por un momento vio que era como una bestia que deseaba ser poseída, y una mirada lujuriosa, que de pronto al verlo se empezó a reír, era la misma cara del demonio, convertido en mujer.

Al ver a Melquiades, todos los que estaban con la mujer, salieron despavoridos, la mujer solo se acostó a esperar al siguiente, Melquiades asusto a todos los vecinos con su machete, y atranco las puertas de la casa, empezó a aventar petróleo y prendió el lugar, en lugar de alaridos, se escuchaban carcajadas del demonio, que ardía, en el lugar, en las llamas que se elevaron al cielo, se formaba la cara del diablo, y todos los que huían se dieron cuente de ello, sabían que esa mujer era el diablo, que había tentado a todos en el pueblo.

Daniel