Ignacio Jiménez, un tipo avaro que toda la vida, construyo un imperio en sus negocios, pero que en la vida personal, era más pobre que cualquier persona, el único amigo de Don Nacho –así le decían en sus empresas- era el dinero y no confiaba en nada ni nadie más, ni siquiera en su propia sombra, uno de esos días que pasaba en soledad, se metió a la bóveda de su mansión, en donde guardaba parte de sus riquezas, en monedas de oro, para contarlas, era una de sus aficiones personales que más procuraba, pero siempre lo hacía, cuando los empleados domésticos, se retiraban.

Sombra tenebrosa

Ese día, que como cada semana, entraba a la caja fuerte, algo no pasó desapercibido, la luz que emanaban las lámparas, hacía que su sombra se viera diferente, más grande, algo que no estaba acostumbrado a ver, y el desconfiado hasta de su propia sombra, empezó a tratar de cambiar los focos que emanaban dicha luz, pero noto algo, la sombra no hacia las cosas, al mismo tiempo que las hacia él, un miedo inimaginable, le corrió por todo el cuerpo, la adrenalina estaba al por mayor.

De repente, empezó a notar que la sombra desaparecía entre las monedas de oro, -esa afición solo la podía tener él y nadie más -empezó a romper las luces, para que la sombra no le quitara el placer de tocar su oro, ese solo era de él y de nadie más!, al día siguiente, la ama de llaves, entro a la habitación ha asearla como de costumbre y noto la puerta de la caja fuerte abierta, ahí yacía Ignacio Jiménez, con un rictus de dolor, un ataque cardiaco le había quitado la vida, todas las monedas, se cuenta que se repartieron entre la servidumbre del lugar, antes de dar parte a las autoridades, como era algo que nadie conocía los que se beneficiaron fueron los que siempre batallaron con su patrón.

Fuente.- Cuentos cortos de terror

Daniel